#Opinión Hoy toda Venezuela sabe lo malo que es ser pobre Por @MoranDavid

hambre en Venezuela

Ese manual de muerte y miseria que resultó el marxismo (en todas sus acepciones, socialismo, comunismo, nazismo, fascismo, maoísmo, etc) inventó, entre otras cosas, un atentado contra la ciencia estadística: la planificación centralizada de la economía, donde los factores relevantes de producción están en manos de burócratas del gobierno, quienes con sus planes detallarían la producción, los suministros, las inversiones, los salarios y los precios de la economía en su conjunto.

Ese despropósito no sólo atenta contra el más perfeccionado mecanismo de desarrollo de la humanidad, que son los mercados, sino también contra la más elemental de las nociones estadísticas: las probabilidades

Si tuviésemos la certeza de lo que ocurrirá en el futuro, los seguros no existirían, ni los paraguas, ni las vacunas. No habría necesidad de acumular, de tener inventarios, ni siquiera de ahorrar. Pero tal mundo, no existe ni existirá. Los imponderables son parte integral de la vida, donde la incertidumbre es la constante.

La pretensión marxista de una economía planificada y centralizada es por lo tanto antinatural, irrealizable, ineficiente, criminal, corrupta  y finalmente, racionadora de todo. Todos, absolutamente, todos los marxismos han terminado en ruina, y Venezuela es la más reciente comprobación. En socialismo, esa es la única certeza.

Un país en bancarrota

En 2013 Maduro tuvo la oportunidad de corregir el camino hacia la miseria socialista que había capitaneado  Hugo Chávez. Pero al contrario, por su naturaleza violenta y avariciosa, dió rienda suelta a los controles socialistas y a la corrupción. Esta semana declaró, unilateralmente, que el país iba a un proceso de reestructuración y refinanciamiento de su deuda externa, de unos 130 mil millones de dólares, donde más del 95% se pactó durante los gobierno de Chávez y Maduro. En otras palabras, anunció al mundo la bancarrota del país, el de las mayores reservas de petróleo pesado del planeta.

¡Qué bueno es tener!

Además del gobierno, la sociedad venezolana también está arruinada. La pobreza alcanza al 90% de las familias del país, las enfermedades endémicas reaparecieron, las desnutrición afecta a un millón de niños, la escasez, la inseguridad personal y la hiperinflación muelen la vida del venezolano.

Y ello es una dolorosa lección, para un país adolescente que creyó en embaucadores socialistas. Sin méritos personales, ahorros y trabajo constante no hay paraíso. El socialismo demostró que puede arruinarlo todo, hasta a un país petrolero.

Ser pobre es una tragedia, como siempre lo logra el socialismo. Lo bueno es tener riquezas, ahorros, para enfrentar con éxito los imponderables, esas probabilidades de eventos adversos. Y ello sólo es posible lograrlo masivamente en economías de mercado, donde la oferta y la demanda se dan la mano libremente.

La economía venezolana no es “arreglable”. Tenemos que dar el salto hacia adelante y refundarla basada en los mercados. Dejar atrás, lo más pronto posible y para siempre el socialismo hambreador.

Hoy toda Venezuela sabe lo malo que es ser pobre. Simplemente miren a su alrededor, donde sea que se encuentren.

@morandavid

Davy Sari

Periodista residenciado en Maracaibo y Caracas.

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