#Opinión Columna Alzando La Voz: Reflexión desde la diáspora Por Rafael Díaz Blanco @Rafidiaz

Asisto a un rápido, pero estimulante encuentro entre venezolanos preocupados por la triste situación de Venezuela y nos formulamos varias preguntas: ¿Quién ganará las elecciones del próximo domingo? No tenemos dudas. Maduro. Por supuesto, nos referimos al anuncio que hará el Consejo Nacional Electoral sobre el resultado de la farsa electoral del 28 de mayo de 2018.

¿Qué hará Falcón? ¿Reconocerá su derrota? Tenemos importantes coincidencias: Pronosticamos que denunciará irregularidades para terminar aceptando la legitimidad del régimen. Maduro convocará, como ya ha anunciado, un nuevo “diálogo” donde pretenderá que la “oposición” sea representada por Falcón y así concretar supuestos acuerdos preelectorales que pueden incluir pactos de gobierno con distribuciones burocráticas y dinerarias. Aquí tenemos una pequeña diferencia.

Ciertamente, coincidimos en que están acordados, pero el objetivo fundamental es continuar dividiendo la oposición haciendo de Falcón el representante de una “oposición” leal al régimen opresor. Temen que el carácter colaboracionista de su actuación pudiera quedar plenamente descubierto al desaparecer las críticas propias de la campaña electoral. El régimen necesita convencer a los venezolanos y al mundo de la representatividad opositora de Falcón. Tarea, sin embargo, francamente difícil, mientras el gobierno venezolano continúe siendo presidido por Nicolás Maduro.

Pensamos que el régimen busca un nuevo reacomodo político favorable a su proyecto político de permanencia indefinida en el poder. En los últimos años, hemos clasificado a quienes dicen oponerse al régimen en tres grupos con variados matices donde las posiciones preeminentes en su manera de oponerse han sido: 1. La cohabitación o colaboración. 2. La participación electoral exclusiva y excluyente y 3. La confrontación permanente.

Hoy, cuando la inmensa mayoría de los venezolanos reconocen el carácter dictatorial del régimen, estas posiciones se reducen a dos. Quienes lo enfrentan y quienes colaboran. Quienes se deslindan claramente del régimen y quienes no lo hacen. Los que se inclinan por la segunda posición tienden a plantear el debate electoral actual en términos de participación y abstención para bajo esos términos favorecer la primera posición que encubre la idea de colaborar. Ciertamente, muchos venezolanos asumen esta postura con las mejores intenciones. Lamentablemente, ésta equivocada postura es favorecida por haber sido la predominante durante mucho tiempo en la oposición electoral unitaria.

Nos preguntamos también ¿qué hará la sociedad civil? ¿qué pasará con la oposición política? Aquí también en nuestra discusión hay consenso, pero variados matices. No tenemos un concepto uniforme de la sociedad civil. Pudiéramos estarla reduciendo a los sectores medios, en franca disminución por el empobrecimiento y la diáspora y mucho más abundante en el centro que en el resto del país. Nos interrogamos sobre las protestas al resultado. Si, las habrás, pero muy probablemente bastante aisladas y reducidas. Luego, continuarán las que permanentemente se producen por las variadas carencias que sufrimos. La diáspora, por ahora, continuará.

La oposición que confronta protestará y rechazará el resultado. Quienes participaron de la elección atribuirán su derrota a la abstención. Se reproducirán los viejos argumentos buscando, sin asumir responsabilidades, culpar a la oposición que rechazo la farsa electoral.

En definitiva, la situación del país continuará deteriorándose y la oposición seguirá, esperemos que sólo por ahora, “dividida”. La unidad de quienes realmente enfrentan al gobierno y ello incluye debe incluir no sólo al sector político, continúa siendo indispensable. Lamentablemente, intereses subalternos, problemas de liderazgo y la existencia de posiciones en los partidos, empresarios, intelectuales y variados sectores que no se deslindan, suficientemente, del régimen, dificultará la necesaria e indispensable unidad política. Tarea fundamental del liderazgo democrático seguirá siendo construir la unidad política, orgánica y programática que la Venezuela democrática exige. Reflexión aparte requiere la situación internacional, el estamento militar, las diferencias entre los partidarios de la dictadura y los problemas socioeconómicos que continuarán agravándose.

 

rdb

Davy Sari

Periodista residenciado en Maracaibo y Caracas.

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