La salvación de Venezuela está en nuestras manos Por Carmen Esperanza Iribarren

Acaso ha llegado la hora de admitir que nuestros problemas no son solamente económicos sino que van más allá y que esto nos convertido en un país pobre y mediocre? .

Ningún país alcanza similar situación en 20 años si entendemos de una vez por todas que la salvación de Venezuela no está en las manos de los pseudos líderes de las cúpulas políticas, sino en las nuestras; las del pueblo que es definitivamente quien sufre las miserias y carencias de un desgobierno que no atiende nuestras necesidades, y de unos enchufados que se comportan como rastreros del gobierno sin ningún escrúpulo mintiendo una y otra vez haciéndose pasar por los salvadores de la patria mientras sabemos que muchos de éstos mal llamados líderes, unos están fuera del país así como también sus hijos a quienes sacaron para que sufran todas las vicisitudes que resistimos nosotros; y otros, los que viven aquí, disfrutando de los beneficios que les otorga el gobierno para que participen en elecciones como una forma de hacer ver en el exterior que vivimos en democracia.

Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los que ocupan cargos de relevancia tanto en el gobierno como en la dirección de sus partidos y los tradicionales de la oposición, viendo el pueblo con ojos desconcertados como son estos pseudo dirigentes los ascendidos en sus cargos en los dos bandos (oposición y gobierno) y los que más se escuchan en los medios de comunicación entregados (algunos) tanto al gobierno como a la mal llamada oposición, y lo más preocupante y que nos tiene en esta terrible situación, es que son precisamente estos inescrupulosos personajes los únicos que precisamente el pobre pueblo vota por ellos, dejando así la evidencia de que nos hemos acostumbrado a la insuficiencia, a la ordinariez y al conformismo.

Triste tener que reconocer que salvo algunos, nos hemos convertido en un país Mediocre cuyo pueblo (la mayoría) se pasa el tiempo viendo la televisión esperando las noticias del presidente más mediocre aún para esperar ansioso la noticia de un bono que no alcanza para nada. Somos un país mediocre porque hemos permitido (todos) que el sistema educativo haya cambiado un sin número de veces para retrocedernos casi a la época de la prehistoria; somos mediocres porque hemos permitido que quienes nos desgobiernan se hayan apoderado de nuestras riquezas, que nos invadieran los cubanos con unos médicos que no son tales sino más bien agentes de la dictadura cubana, que hayan regresado las enfermedades que desde hace muchísimos años se habían erradicado y así sucesivamente tantas situaciones más.

Somos un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar un puesto en la Misión Chamba Juvenil en donde solo reciben una miseria mensual sin hacer absolutamente nada; por ocupar cargos tan simples y miserables como los de escoltas de algún gobernante notorio para atropellar y valerse de su situación torpe, sentirse grande y atropellar a quienes se dejan; aquellos que también valiéndose de ser serviles del gobierno, ocupan vocerías en los Consejos Comunales y a través de éstos se han enriquecido gracias a la venta de los productos alimenticios a personas que ni siquiera viven en sus comunidades y así sucesivamente. Todos estos “personajes” son los infelices que hacen al país mediocre gracias a la protección de un jefe que se rodea de estos miserables para disimular su propia mediocridad.

Finalmente, nos hemos convertido en un país Mediocre desde el momento que permitimos, impulsamos y aplaudimos el triunfo de los mediocres, marginando la excelencia de nuestros profesionales (sobre todo los de la medicina y educación) hasta dejarle dos opciones: irse a otro país en busca de mejoras y reconocimiento de su instrucción o dejarse devorar por la imparable flujo gris de la mediocridad.

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