#OPINION Columna El Monje de Camoruco por Sergio Márquez P: El Futuro en Venezuela

Cambio de gobierno: ¿Dónde estamos y hacia dónde vamos?

 

A pesar de los grandes esfuerzos que hacen importantes sectores de la comunidad internacional para presionar al presidente Nicolás Maduro, con el firme propósito de generar un cambio de gobierno, todos los analistas coinciden en que para lograr ese objetivo, hace falta que la oposición venezolana llegue a un acuerdo unitario en torno a un solo liderazgo y a la forma como se desarrollarán las actividades; no solo para generar el anhelado cambio de gobierno, sino también, garantice la gobernabilidad del país luego de la supuesta salida del chavismo del poder.

En este orden de ideas, observamos por ejemplo como desde España se dice “que la presión internacional sin diálogo es estéril en Venezuela”.

De igual manera, Francisco Santos, embajador de Colombia en Estados Unidos puntualizó en una reunión con la junta editorial del Miami Herald y El Nuevo Herald, que el mayor obstáculo para derribar “la dictadura que mantiene secuestrada a Venezuela” es el colapso que hay en la oposición venezolana.

Además, dijo que si los dirigentes llegaran a determinar un camino para salir de la actual situación, muchos gobiernos se unirían. “Yo no tengo dudas de que si ellos asumieran el liderazgo, hasta Estados Unidos les seguiría. Ellos hoy tienen más legitimidad que el gobierno. Es el momento de que ellos salgan y den la cara”, señaló, mientras agregaba que “es un error que los dirigentes esperen que actores externos resuelvan los problemas internos del país”.

Pero: ¿Por qué a la oposición le cuesta tanto llegar a un acuerdo?

Para muchos, la respuesta a esta pregunta es demasiado fácil y clara.

La mayoría de los partidos venezolanos, cohabitan en organismos internacionales que se definen como socialdemócratas; vale decir, con tendencias socialistas como por ejemplo: Voluntad Popular, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo, MAS; y otros, los cuales están debidamente registrados y afiliados a la Internacional  Socialista; a la cual, también pertenecen el PSOE y PODEMOS, lo que obliga a pensar a muchos que no es nada fácil observar a socialistas haciendo oposición al socialismo.

En Venezuela, los ciudadanos solo perciben a VENTE y Proyecto Venezuela, como organizaciones diametralmente opuestas a la socialdemocracia. Los seguidores de María Corina se definen como liberales; mientras que Proyecto, hace vida en la Organización Demócrata Cristiana Americana (ODCA).  En el caso de Primero Justicia, hay quienes expresan que debe definirse de una buena vez; aunque, pareciera que hay tímidos acercamientos ente “aurinegros” y organizaciones como el partido “Ciudadanos” de España.

En conclusión, pareciera que en el atípico caso venezolano, la discusión o el debate no es precisamente ideológico, sino por ver cuál de los movimientos políticos, logra imponerse ante los demás para ser el “protagonista de la película”.

Aunque desde las redes sociales y medios de comunicación nacional e internacional, se presione para una posible intervención militar en Venezuela, el problema radica en que si no existe un movimiento interno que garantice el éxito de una operación de estas características, cada vez será más difícil ejecutarla, siendo esta la razón, por la que Mike Pence, Mike Pompeo y Todd Kirt, coinciden al expresar que la intervención militar aún no está prevista como una solución al conflicto político venezolano y que son precisamente ellos (los venezolanos), quienes deben solucionar su conflicto internos.

También, esta es la misma causa por la cual  se permite que con la autorización del presidente Donald Trump (así se empeñen en negarlo), el Grupo de Boston actúe en Venezuela en procura de reinstalar el diálogo, que más temprano que tarde, dará sus frutos y se abonará el terreno para crear las condiciones que permitan avanzar de manera definitiva hacia un posible cambio de gobierno por la vía electoral, lo que nos lleva a pensar que lo mejor que pudiesen hacer los “guerreros de las redes” es cambiar el chip de “No Votar” por el de “Tenemos que votar si queremos derrotar al PSUV y su candidato”.

Mientras tanto y aunque parezca increíble, el PSUV se mantiene alrededor de 33% de aceptación entre las preferencias electorales y el presidente Maduro recupera puntos valiosos, ante la mirada atónita de quienes preguntan ¿Quiénes son los responsables de este desastre?; a lo que responden otros: “Yo no fui, fue teté”. Amanecerá y veremos. Fuentes: Nuevo Herald, Agencia AP, El Nacional, La Patilla.

Hasta nuestra próxima entrega amadísimos fieles.

Davy Sari

Periodista residenciado en Maracaibo y Caracas.

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