#OPINIÓN El Club por Sociólogo Ender Arenas @RojasYArenas

De verdad para serles franco “El Club” de más “rancio abolengo” de la ciudad es una figura polisémica, así, por ejemplo, los socios fundadores y sus herederos se refieren a él de esa manera y cuando se dirigen a sus instalaciones dicen “Voy (o vamos) al Club”, no es necesario pronunciar su nombre, pues ese club, es, digámoslo así, parte de su ADN, es “el lugar” donde se materializa de una manera u otra su identidad.

Pero la democracia trajo consigo una profunda movilización social y el país, y esta ciudad en especial, devino en una sociedad  mesocrática, con una pujante clase media profesional y empresarial de una enorme ascenso social que pidió cupo de pertenencia a los círculos a los que no solo quería formar parte sino que consideraba que se había ganado el derecho, digo yo. Algunos lograron entrar como socios, otros, supongo que serían rechazados, creo que los fundadores pensarían que “la democracia es como el cilantro, es buena pero no tanto” y de verdad, esto de que el país es profundamente igualitario es uno de nuestros grandes mitos políticos. Pero bueno, estos nuevos socios necesitaban llamarlo por su nombre y cuando se dirigían a sus instalaciones.  Decían: “vamos al Náutico”

Entonces llegó “La revolución” que pasó de ser un “término” que daba algo así como “catadura” en la Venezuela que se entusiasmó con Chávez a un término que hoy no genera ninguna simpatía por los estropicios y la devastación que ha producido.

Pero la revolución también ha creado sus propios ricos, su propia “clase media” que el chavismo llamo “en positivo”. Y “El Club”, caramba de verdad que da nota: su marina, sus salones, sus canchas de tenis, sus piscinas, sus restoranes, carajo hasta sus tequeños, esa masa de harina de trigo rellena de queso son los mejores de Maracaibo, y quién no quiere ser socio de ese club. Ese sector que creció y se enriqueció con el chavismo petrolero también quiere o quiso entrar y yo, de verdad, no sé si ha entrado, lo que si se, porque he escuchado a algunos de ellos cuando se dirigen a las instalaciones del club decir: “voy (o vamos) al Náptico”.

Ahora vemos en un video al gobernador del estado, Sr. Omar Prieto, haciendo de Maduro y expresando de manera clarísima y consecuente el rasgo fundamental de la filosofía chavista y la naturaleza de su proyecto político, evidenciada en una frase, palabras más, palabras menos, pero definitivamente increíble “… Me gusta este club, haremos unos Bicentenarios enormes o mellejúos (creo que eso fue lo que dijo) venderemos de lunes a sábado y los domingos se lo daremos al pueblo. Lo pondremos bonito, pero si no podemos y lo destruimos se los devolvemos a los burgueses”.

Lo increíble es que la gente  (no mucha) que lo acompañaba en el evento gritaban: “queremos el “Nástico” y aplaudían la ocurrencia del gobernador, especialmente aquello de si no podemos y lo destruimos se lo devolvemos a la burguesía.

A partir de este evento he hecho algunas revisiones de mis lecturas sobre la estratificación social marabina y la he dividido en tres grupos minoritarios: Los que van al Náutico, los que van y/o  quieren ir al Náptico y los que, encabezados por el  gobernador quieren destruir el Nástico.

Si me preguntan dónde está la mayoría, le responderá que ella, está preocupada por buscar una salida a la actual situación, aunque, para ser sincero, algunos, desesperanzados, agotados y con los anhelos quebrados solo consideran dos salidas: el aeropuerto y la frontera.

Finalmente yo le pediría al chavismo y por supuesto al gobernador que si la frase por él esgrimida en ese evento expresa de verdad su modo de pensar, ya deberían entregarnos el país de nuevo, antes que lo vuelvan “Nástico”

 

@RojasyArenas

Davy Sari

Periodista residenciado en Maracaibo y Caracas.

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