OPINIÓN Eudis Fermín: EL POST-CHAVISMO PONE EN MARCHA LA ESTRATEGIA DE DESMORALIZACIÓN ENTRE LOS VENEZOLANOS OPOSITORES

Los máximos exponentes de las tendencias civilistas y militaristas de la trilogía de poder del post-chavismo están seguro que avanzan en la dirección correcta para desmontar, desconstruir o desmantelar la estructura social en la cual descansa el insólito liderazgo conseguido por el joven Juan Gerardo Antonio Guaidó Márquez en pocos días, contados a partir del 5 de enero de 2019, cuando asume la presidencia de la Asamblea Nacional y el 23 del mismo mes se encarga de la presidencia del gobierno de transición, considerando que el período del presidente Maduro cesó el día 10 como se analizó en otro articulo; insólito porque emerge de la formación combinatoria de factores sociales y políticos en la re-configuración de la mentalidad colectiva del venezolano en los últimos seis años de la revolución bolivariana, caracterizada ésta en la coyuntura actual por la vigorización de la desesperanza, frustración, decepción y desilusión de un pueblo engañado y encontrado con una camisa de fuerza, atada a la ideología y acción revolucionaria como si se tratara de un paciente psiquiátrico agitado; la que el artífice del cambio radical la presentó en aquella campaña electoral de 1998 como la garantía para superar al nefasto neoliberalismo salvaje y el renacer de la República ante los atroces desempeños políticos, sociales y económicos de los gobiernos adeco-copeyanos, pero ni una ni otra cosa sucedió, el chavismo (1999-2013) y el post-chavismo sin Chávez (2013-2019), solo generó más indolencia, burocratismo y corrupción en la administración del erario público, como lo reveló el mismísimo presidente Nicolás Maduro Moros, el 31 de diciembre de 2018 en su mensaje de fin de año, al reconocer claramente los efectos de esos tres elementos en la construcción del socialismo bolivariano en época de revolución.
Ahora con el liderazgo de Guaidó, de no caer en divisionismos e intrigas, el pueblo está en un proceso de re-encontrarse consigo mismo, 20 años después, para acelerar el proceso, requiere del sentido común de la oficialidad, con voz de comando en las guarniciones de los cuatro componentes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), para que la transición sea menos traumática posible, pero aún más, puesto que en su mayoría conocen la generalización de la corrupción en los cargos que desempeñan la oficialidad revolucionaria en empresas de la administración pública, y como hombres y mujeres de pueblo, no ignoran las penurias que sufre su entorno familiar y vecino a la hora de comprar alimentos o medicinas, con las cuales se revela el deterioro de las condiciones de vida, no solo de éste esfera de la sociedad, sino de toda la población, que devenga un salario que se devalúa constantemente al ritmo del descontrol de precios, que se evidencia en los anuncios presidenciales de medidas tras medidas económicas, en vez de resultados reales para estabilizar la economía, el presidente Maduro y su equipo ministerial expuso en seis años de gobierno excusas y más excusas de una guerra económica, medidas que costaron millones de dólares al fisco nacional en los encendidos de los 15 motores de la economía productiva, luego convertidos en líneas del programa de recuperación, crecimiento y prosperidad económica en el marco del estado de excepción y emergencia económica decretado en enero de 2016 y prolongado hasta la actualidad. Es la oficialidad constitucionalista o institucionalista que viene observando, con mayor frecuencia a partir del 10 de enero de 2019, en las guarniciones como el régimen detiene, arresta o encarcela a oficiales de carreras, especialmente de rangos que van de primer teniente a mayor, sin obviar a teniente coroneles, coroneles y generales, con el simple hecho de sospechar que éstos tienen cierta simpatía con los ideales del presidente interino o que puedan desconocer públicamente, no a la revolución bolivariana en la cual, una vez graduados en las respectivas academias, se formaron profesionalmente, sino al régimen autocrático de Maduro y sus camarillas que crearon la nueva aristocracia del dinero.
El liderazgo de Juan Guaidó surge de la textura de la legitimidad de origen de la Asamblea Nacional y la degeneración que imprimió la casta revolucionaria a la institucionalidad del Estado de Derecho. Es una conexión con la intersubjetividad social del venezolano, el que piensa y siente el cambio político como salida de la miseria, el hambre, el retorno de la esperanza en las generaciones futuras, el rescate de la constitucionalidad democrática y el inicio de la estabilidad económica con el compromiso de cada uno de los actores e individuos de la sociedad; se convierte en el armazón de la llamada autoproclamación de Guaidó como presidente interino, esto es, esta autorizado por el nuevo despertar de la mayoría de los venezolanos, que nacieron, se formaron e inculcaron a las generaciones presentes en los 20 años de revolución, los valores de la democracia, como lo demostraron los millones de venezolanos que atendieron el llamado y participaron en los cabildos abiertos organizados en las ciudades del país, del 6 al 21 de enero de 2019, seguido de las movilizaciones que abarrotaron las calles de esas ciudades el día 23 de éste mes, las del 30 y las del 2 y 12 de febrero, que estremecieron el poder del post-chavismo restando el adjetivo de omnipotente en las instituciones del Estado, desde los estadios de consciencia de quienes presiden las salas y la plenaria del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), pasando por los de la Fiscalía General de la República (FGR) hasta llegar a los de la Contraloría General de la República (CGR), sin obviar a la de los de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), aproximadamente de los 545, 503 constituyentistas ya no piensan igual que aquel 30 de julio de 2017 ni mucho menos que el 24 de mayo de 2018 o el 11 de enero de 2019, aún más cuando recuerdan las palabras del constituyentista Julio Escalona en su articulo de opinión titulado un silencio con mucho ruido (Última Noticias, 10 de julio de 2018) y intervención de éste en la sesión de la ANC del 18 de octubre de 2018, que incomodaron a los máximos exponentes de las tendencias civilistas y militaristas de la trilogía de poder del post-chavismo que imponen las decisiones en el órgano con supraconstitucionalidad, sin someter a discusión entre los constituyentistas, a espalda de la realidad socio-económica del país.
En este sentido, esa mayoría de venezolanos, que califican de traidores los que creen ser la constitución y la democracia, recarnada en la persona de cada uno de los máximos exponentes de las tendencias civilistas y militaristas de la trilogía de poder del post-chavismo con la invocación discursiva a la espiritualidad de “el comandante eterno de la revolución”, representadas principalmente en las figuras de Nicolás Maduro Moros, Silvia Flores, Diosdado Cabello Rondón, Jorge Rodríguez, Tareck El Aissami, Freddy Bernal, Vladimir Padrino López e Iris Valera, están convencidos –los venezolanos-, que los únicos enemigos a vencer son el miedo y desespero, ya que la casta revolucionaria se encargó de destruir, con la continuidad de la rotulación socialista del Estado en los diferentes niveles territoriales de gobierno, las bases de credibilidad social de lo que fue en un momento la revolución bolivariana (1999-2001) del que recuerdan con la frase glorificadora: Chávez vive, la patria sigue, reproducida en los actos protocolares por ministros, diputados, gobernadores, secretarios estadales, legisladores, alcaldes, concejales, directores municipales, y, sin duda alguna, por los constituyentistas, como también los presidentes de las empresas e institutos públicas nacionales, estadales y municipales; al autorizar la inversión de millones de dólares en programas de recuperación, crecimiento y prosperidad en las diversas áreas de la economía nacional, siendo uno de ellos el otorgamiento de créditos gubernamentales a empresarios agroindustriales para sustituir o reemplazar el aparato productivo capitalista y la importación de alimentos para distribuir con los comités locales de abastecimiento y producción (CLAP) de las comunidades organizadas a lo largo y ancho del territorio nacional, y con éstos la formación de la aristocracia del dinero (mafias económicas) enclaustradas en los circuitos de producción, abastecimiento, distribución y comercialización de productos, y, en consecuencia la generación de actos de corrupción entre funcionarios y empresarios, con efectos incalculables al patrimonio público sin precedente en la historia de Venezuela.
El escenario de formación del liderazgo de Guaidó, que es el liderazgo de la transición, no en abstracción, sino mente y cuerpo de los millones de venezolanos que atendieron la convocatoria, salieron a las calles de las ciudades, como en la última del 12 de febrero, como sucedió en Maracaibo, San Cristóbal, Mérida, Barquisimeto, Valencia, Maracay, Maturín, Ciudad Bolívar, Puerto Ordaz, y en aquellas ciudades donde la eregía de los gobernadores de la usurpación presidencial, promocionan la criminalización del derecho constitucional a la protesta con el respaldo de las instancias tribunalicias ordinarias y las sedes regionales de la FGR al servicio de la casta revolucionaria, entre ellas resalta el caso de Guanare, no obstante, el venezolano continúa decidido ser el protagonista de la transición democrática bajo la dirección Guaidó y el apoyo de la comunidad internacional. Están conscientes de que si bien Maduro, sostiene la lealtad del pueblo a la revolución bolivariana de Chávez a través de la bonificación de la consciencia social (bonos otorgados a los portadores del carnet de la patria) y la instrumentalización de las necesidades alimentarias de un sector de ese pueblo (caja CLAP o bolsas de comidas con productos subsidiados), ya no haya que hacer para revertir los acontecimientos en escena, cuando en sus alocuciones radiales y televisivas ofrece una y otra vez: ahora si vamos a asegurar la recuperación de la economía (marca país) y mayor protección al pueblo (bonos mensuales, superior al salario mínimo, para policías, militares, milicianos y funcionarios públicos, todos los registrados en el sistema del carnet de la patria), le exige 10 años más, pero llega un momento que no se sabe quién dirige la exclusividad presidencial en la conducción del Estado socialista, Maduro o Diosdado, o ambos a la vez, incluso si el presidente de la ANC es el titular del Ministerio del Poder Popular para la Defensa o el Comandante en Jefe de la FANB. Pero los venezolanos, si están seguro que la cordura, el coraje y la valentía son la viva expresión democrática para poner fin al régimen autocrático de Maduro y Diosdado, acompañados de las camarillas de corruptos y narcotraficantes, en la espera de la decisión de la entrada de la ayuda internacional, sea de Estados Unidos de Norteamérica y/o una coalición de países latinoamericanos y/o europeos.
El régimen autocrático mueve los apéndices de los poderes del Estado socialista para conservar la dogmatización en aquellos venezolanos, con particular énfasis en los sectores populares y obreros, éstos sin valorizar los infortunios materiales que padecen, siguen esperanzados o leales a las bondades de la revolución de ayer y hoy, se consideran chavistas o del chavismo madurista, prestos a defender la revolución y si es posible dar la vida, según las narrativas públicas de algunos de ellos; aunado a la retórica alborotadora que alerta la amenaza al sagrado suelo patrio por parte del imperio, que en las puertas fronterizas del país, Colombia, Brasil y el Mar Caribe, sin embargo, las acciones judiciales y fiscales que han emprendido contra Juan Guaidó, evidencia como la decisión política enmascarada en el institucionalismo revolucionario, carece de racionalidad técnica y pierde relevancia ética en las actuaciones del FGR, CGR y TSJ, cuando pretenden cristianizar con objetividad, criterios de acción revolucionaria, quienes en protección de los intereses de la casta revolucionaria hacen uso y abuso de las instancias del Consejo Moral Republicano y el máximo órgano de justicia de la Venezuela del post-chavismo, complementando así la deformación de la práctica jurídica en los 20 años de revolución, que en el pasado de la descalificada IV República (1958-1998) fue referencia en América Latina y el mundo, por los aportes doctrinarios al derecho público y desarrollo de sus diferentes ramas; con el chavismo y el post-chavismo se reduce a meros intereses de las partes, sin sustentación real o la cualidad de discernir o deliberar del juez y/o magistrado, constituye una arbitrariedad al responder simplemente a los intereses o ideología política de donde emana naturalmente su investidura, esto es, el funcionario investido de poder renuncia a la racionalidad técnica para tomar cualquier tipo de decisión en (aparente) “derecho”.
Esto explica porque la trilogía de poder del post-chavismo diseña y ejecuta con rapidez la estrategia de desmoralización, desanimar a los anti-chavistas y/o anti-maduristas y vivificar a los chavistas y maduristas convencidos e inducidos en las bondades de la revolución, cuando cada vez más, con el retorno de las manifestaciones opositoras que rompen el esquema de los años anteriores con una usurpación presidencial y un presidente encargado con el reconocimiento de la comunidad internacional, son contados en los espacios sociales de encuentro común (entidades bancarias, panaderías, carnicerías, hospitales, ambulatorios, farmacias, escuelas, supermercados, bodegones, bodegas y verdulerías) los que defienden la revolución o al gobierno de Maduro en comparación al pasado reciente, son minimizados por la mayoría en cualquiera de esos espacios, con excepción de los colectivos armados, cuando se encuentran en grupos. La primera fase de la estrategia de desmoralización, empieza con las operaciones de los cuerpos de inteligencia del Estado, conjuntamente con el G2 cubano, infiltran con intensidad entre el 24 de enero al 2 de febrero, mensajes en las redes sociales que desnaturalizan los anuncios de Guaidó, dan coherencia al discurso chavista acerca de las acciones injerencistas de los Estados Unidos de Norteamérica, de acuerdo al plazo que el presidente Maduro da a los funcionarios de la embajada norteamericana acreditada en Venezuela, 72 horas para que abandonen el país, por lo que, entre muchos mensajes que circularon esos días, está que Guiadó despacharía desde ésta embajada, buscaron enfriar los ánimos a los venezolanos opositores.
La segunda fase de la estrategia se implementa el 25 de enero de 2019 para revertir en los días siguientes las impresionantes concentraciones de los venezolanos antichavistas y/o anti-maduristas, con la generación de efectos psico-sociales con la circulación en los medios de comunicación y redes sociales, el video de imágenes de una supuesta reunión secreta entre Guaidó y Diosdado el 22 de enero, publicitada por el mismo Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez en el aparato comunicacional del Estado socialista, con fines de incidir en la moral de los seguidores de Guaidó y crear divisionismo entre los sectores sociales y políticos que lo respaldan, presentar al diputado como uno más de los presidentes de la Asamblea Nacional que negocian en secreto con el gobierno, despalda a los movilizados, como sucedió con Ramos Allup (Acción Democrática), Julio Borges (Primero Justicia) y Omar Barboza (Un Nuevo Tiempo). Y al mismo tiempo se pone en marcha la segunda fase, el titular de la FGR, Tarek William Saab, se aboca a detener el descontento social, al solicitar el 29 de enero al TSJ medidas cautelares contra el presidente de la Asamblea Nacional, acusado de “promover sanciones extranjeras contra el país”, la prohibición de salida del país, enajenación de los bienes y congelamiento de cuentas bancarias ante la apertura de una “investigación preliminar”, pero no solicitó o deja abierta las posibilidades del allanamiento de la inmunidad parlamentaria; era de esperar que el TSJ, en palabras de su presidente, el magistrado Maikel Moreno: “se admite la solicitud y se declara competente. decreta y acuerda continuar con la investigación”, contrarios al procedimiento tipificado en la ley, como lo denuncian dos magistrados que salvaron su voto.
En febrero ejecutan otra fase de la estrategia de desmoralización. Un día antes de las marchas opositoras en las ciudades del país, en celebración del aniversario del día de la juventud (en conmemoración de la batalla de La Victoria del 12 de febrero de 1814), el 11 de febrero, otro de los representantes de los máximos exponentes de las tendencias civilistas de la trilogía de poder del post-chavismo, ponen en marcha la tercera fase de la estrategia de desmoralización; se dirige al país a través del canal televisivo estatal, el titular de la CGR, Elvis Amoroso, presentándose a lo que llaman pueblo, con una superioridad moral de la institucionalidad revolucionaria, ataca la moralidad del liderazgo de la oposición. El contralor señaló que Guaidó “Presuntamente: Ocultó o falseó datos de su declaración jurada de patrimonio y segundo, ha recibido dinero de instancias internacionales y nacionales sin ningún tipo de justificación (…) se ordena el inicio del procedimiento de auditoría patrimonial del ciudadano Juan Gerardo Antonio Guaidó Márquez”, “las competencias exclusivas y excluyentes del contralor general de la República para imponer sanciones de inhabilitación hasta por un máximo de 15 años a los servidores públicos que cometan irregularidades”. Tal anuncio de apertura una investigación llamó la atención de los chavistas y chavistas maduristas en la población. Y la realización de una tarea que complementa los efectos psico-sociales de las fases mencionadas, consiste en descargar intrigas en el deposito memorístico del venezolano, cuando Diosdado Cabello en su programa Con el Mazo Dando del 14 de febrero, dice en alusión directa a Guaidó que si él fuera escuálido, le pediría a su presidente, que liberará a Leopoldo López, se pregunta con ironía, típico en su personalidad política, ¿será que le tiene rabia a Leopoldo López?
Del 5 de enero a la fecha que marca el calendario 2019, los máximos exponentes de las tendencias civilistas y militaristas de la trilogía de poder del post-chavismo, han puesto en marcha la estrategia de desmoralización entre los venezolanos opositores, los que se identifican o atienden las convocatorias de Juan Guaidó para tomar las calles de las ciudades del país. Con la estrategia de desmoralización, pretenden, por un lado, confundir y engañar a los anti-chavistas y/o anti-maduristas, en consecuencia enfriar las calles, los llamados sean desatendidos o desestimados, que el liderazgo de Guaidó quede reducido a unos diminutos focos de seguidores en las ciudades, y, por el otro, animar al chavismo popular y obrero, que sean movilizados por la dirigencia revolucionaria de las comunidades, con recursos del erario público de ministerios, gobernaciones, alcaldías y empresas, para que participen en las marchas y concentraciones en su respectiva ciudad o las organizadas en Caracas; por lo cual refutaría en la escena internacional, especialmente a los gobiernos y organismos internacionales que reconocen a Guaidó como presidente interino de la República Bolivariana de Venezuela, apoyan a un opositor, que no cuenta con el respaldo del pueblo, solo se trata de unos grupos de derecha o ultra-derecha, militantes del Movimiento Voluntad Popular, y eso de Maduro el usurpador, fue creado en los laboratorios psicológicos de los Estados Unidos de Norteamérica, para que el presidente de la Asamblea Nacional sea su ejecutor e inestabilizar política y económicamente a Venezuela; con estas u otras palabras, expresarían los post-chavistas, si se lograra el objetivo de la estrategia.
Sin embargo, los resultados de la estrategia no son los esperados, las calles no se enfrían y cada convocatoria crece en las principales ciudades del país, mientras que la preocupación por revertir la situación política en la Venezuela del post-chavismo, lleva al presidente Nicolás Maduro hablar, si no acaban las intenciones de invasión militar del imperio y la derecha, se desataría un enfrentamiento (armado) entre civiles; a la vicepresidenta Darcy Rodriguez, que la ayuda humanitaria es “cancerígena” y “envenenada” a quienes la consuma; y, al presidente de la ANC, Diosdado Cabello, la urgencia para activar un plan de guerra contra Estados Unidos y Colombia con el despliegue de tropas en la frontera. Estas evidencias de desespero revolucionario, complementan la estrategia de desmoralización con miedo y pánico en la población ante las movilizaciones en todo el país convocadas para el 23 de febrero, acompañar a las caravanas de voluntariados que recibirán la ayuda humanitaria internacional en los puntos de encuentro, y, fecha el inicio de la permanencia de los venezolanos en las calles hasta que cese la usurpación presidencial, revelara el estatus moral de la estructura social en la que descasa el liderazgo de Guaidó, o, la implementación de estrategias más radicales por parte del régimen autocrático para impedir que la oposición avance en su objetivo, la transición.

* Politólogo/Sociólogo
eudisfermin@gmail.com
Venezuela, 16/02/2019

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