#OPINIÓN El Otro desenlace y esos días oscuros de marzo por Sociólogo Ender Arenas @RojasYArenas

En junio de 1992, Cabrujas escribía en su artículo semanal “el desenlace”, esa especie de la pasión y muerte (la otra muerte) de Carlos Andrés Pérez. Ese artículo terminaba con dos preguntas: que va a hacer Pérez con el país? O peor que va hacer el país con Pérez?. Pudiéramos hacernos las mismas preguntas con respecto a Maduro: realmente qué carajo va hacer Maduro con el país?  Después de ser el heredero de Chávez en aquello de ejercer la más feroz crítica al pasado, después de tantas amenazas, después de heredar la oferta de Chávez de fundar un país sin corruptos a quienes les iba a freír las cabezas, en fin de fundar un país sin pecado original y el resultado ha sido que ambos se erigieron como los peores administradores de crisis que la historia universal registra y con ellos, todas las calamidades se juntaron al mismo tiempo y todavía siguen juntas.

Ambos también han sido los mayores productores de corrupción, ineficacia, demagogia e incivilidad destruyendo, en este último caso, la sociabilidad y los hábitos de convivencia que se había construido. Esto es el proceso de destrucción del país más grande que la historia nacional conoce, incluyendo la guerra de independencia y la guerra federal.

Todo comenzó con Chávez, porque después de todo, y no importa lo que se diga, esta crisis general de sociedad comenzó con él y se profundizo con Maduro. Aunque para decir la verdad, Chávez  siempre fue un hombre con suerte, probablemente el líder más asistido por la fortuna de la historia del país, tanto, tanto fue su suerte que… se murió.

Pero, también, la otra pregunta es importante, tal vez más importante, porque en el desenlace de esta crisis los venezolanos debemos preguntarnos: qué carajo vamos hacer nosotros, es decir, el país,  con Maduro. Que repuesta le vamos a dar cuando en medio de su angustia por el futuro nos pregunte: Que van a ser de mi…Que va a ser de mí?

Cabrujas decía en el artículo que citábamos que Pérez era una anécdota, pues bien, también Maduro lo es, solo que lo es del régimen que fundó Chávez en 1999. En ese entonces, la perspectiva que perfilaba Chávez y que se la insuflo al venezolano, era radiante, nadie se imaginó que en pocos tiempos se convertiría en una verdadera catástrofe que comenzamos a sufrir, al principio con Chávez vivo, en cámara lenta y que hoy, con Maduro, se ha acelerado para ir a una velocidad que causa vértigo.

En 1992 comenzó el fin de un ciclo y el comienzo de otro que se materializa en 1999: es el ciclo chavista. Pues bien, hoy estamos al final de ese ciclo, que nos dejó un país con déficit de nación. Un nuevo ciclo emerge hoy articulado y construido por una nueva generación política que se ha levantado para refundar civilmente la república, no para restaurar lo que había antes de 1999. Lo dice un líder de esta generación: “No  somos la restauración…. Nosotros no estamos buscando el cambio para poner a Venezuela en finales de los 80 o principios de los 90”

Este el nuevo espíritu y sentimiento  de este tiempo en el país.

II

Hablamos de la crisis y esta se expresó en todo su esplendor el día 7 de marzo: de pronto, pero como consecuencia, de la desidia y del abandono, de la corrupción, del déficit absoluto de nación, el país vivió una de las peores desgracias publicas que hemos vivido: el país quedó sin electricidad y estuvimos, durante cinco días y medio, conviviendo con el terrible y repugnante espectáculo de la oscuridad.

Y como suele suceder, las desgracias públicas, también, están hechas de una multitud de desgracias privadas. Primero, empezamos a enterarnos de familias que vivían la desgracia de que sus seres queridos fallecían en los hospitales por falta de oxigeno. Un número apreciable de personas recluidas en las UCI de hospitales públicos y privados no pudieron sobrevivir al apagón, igual suerte corrieron los sometidos a tratamientos de diálisis, bebés que no pudieron sobrevivir a la respiración asistida manualmente y murieron en los llamados retenes y UCI.

Después vinieron los saqueos, al principio, la gente desesperada por comida, e incluso, por un vaso de agua y hielo arremetieron contra abastos y supermercados. En medio de esta calamidad los negocios, unos por falta de efectivo y otros por avaricia y oportunismo empezaron a cobrar en dólares, de tal manera que media bolsa de hielo (mas agua que hielo) costaba diez dólares, las bombas de gasolina superaron las colas de los días del paro petrolero y las ventas de gasolina de contrabando vendían las garrafas de cinco litros a cinco, diez y hasta ocho dólares.

Finalmente vinieron los mismos de siempre: el malandraje, en una gran cantidad de casos, protegidos por la policía y la GNB saqueando tiendas de electrodomésticos, ropa y en fin todo tipo de tiendas que poco tenían que ver con el hambre.

Resultado, empresas y empresarios arruinados y cientos de empleos perdidos.

La repuesta oficial, la misma de siempre, aquella que señala como el responsable a su villano favorito. Así tenemos desde el ataque cibernético de Jorge Rodríguez, el ataque electromagnético que vino de dos ciudades norteamericanas, la explicación, comiquísima y confusa, es de de explicación de Nicolás Maduro y, la ultima, es  la increíble, impresionante y propia de la Guerra de las Galaxias de Padrino López quien dice que fue un terrible… rayo laser. Es que esta gente se ha creído de verdad que este es un país de imbéciles, cojones.

Sin embargo a pesar del enorme desencanto que el chavismo ha producido hoy, el venezolano que es un esperanzado siempre se ha hecho de un nuevo sentimiento, de una nueva sensibilidad que reconstruye sus anhelos

Davy Sari

Periodista residenciado en Maracaibo y Caracas.

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