#OPINIÓN Incomprendidas Complicaciones por Antonio José Monagas @AJMonagas

¿Cualquier ley merece respeto? Es una pregunta que tiene múltiples lecturas. No sólo de naturaleza jurídica. También, politológicas. Incluso, de orden social que abordan la teoría de la ciudadanía. Pero más que despejar la incógnita que tal pregunta plantea, vista como ecuación de estructurada matemática, el problema es entender bajo cuál contexto político debe o puede resolverse dicha interrogante.

Quizás, el problema, entre tantas interpretaciones, su respuesta pudiera no obedecer a ningún supuesto que considere el respeto a la ley. Más. porque tal consideración pasa por un problema de índole axiológico. Es decir, ético y moral. ¿Y por qué no, también, de razón filosófica y epistemológica? Entonces, la solución no debe conminarse a obtenerse bajo algún paradigma conocido por cuanto lejos de resolver tal enigma, tiende a complicarse más de lo que el sentido común y la lógica política pudieran advertir.

El problema expuesto, puede dibujarse desde la perspectiva del civismo. Entendiéndose por civismo, la cualidad social de la cual proviene el mismo civismo o conducta del buen ciudadano. Desde este ángulo, luce posible y fiable apostar al encuentro de una razón que pueda disipar tan criticada duda. No obstante, la cotidianidad de la política se convierte en depurativo para limpiar las rigurosidades que hacen escabrosa configurar una salida a tan insidiosa y delicada pregunta.

Pudiera decirse que una interpretación tendría lógica propia si acaso se argumenta desde el lado que más es capaz de sensibilizar a una población. Particularmente, una población castigada por las inequidades y mecanismos opresores que sirven de fundamento a regímenes políticos verticales, autoritarios o totalitarios. Sobre todo, al momento de reconocer injusticias convertidas en preceptos o elementos de una normativa absolutamente condenatoria de acciones que buscan realizarse con base en las necesidades propias del desarrollo y crecimiento natural del hombre político.

En el fragor de una situación de tan indigna postura, la noción de gobierno se desnaturaliza lo cual obliga a contrarrestar su inclinación represora mediante ofensivas que puedan debilitar o neutralizar el arrojo anárquico de contención de libertades y derechos.

En medio de estas realidades, se debate el futuro de una Venezuela oprimida, arruinada y colapsada. De ahí que luce obvio hablar desde el terreno en que la justicia y la verdad permiten entender un problema nacional fundamentado, muchas veces, en incomprendidas complicaciones.

Davy Sari

Periodista residenciado en Maracaibo y Caracas.

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