#OPINIÓN ¿Qué hicieron de Bolívar? Por Antonio José Monagas @AJMonagas

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Antonio José Monagas

No ha habido momento político alguno, que no haya servido de algo para encauzar objetivos de los cuales busca valerse el ejercicio de la política para allanar los espacios que mejor convienen a sus intereses. Es un problema de arreglo ideológico. Es decir, un problema de manipulación del cual no escapa ningún reacomodo político. Y aunque pueda aceptarse como parte del proceso natural, el cual la sociología lo explica como legítima razón en la búsqueda de la cohesión necesaria conducente al arribo de fines establecidos, es objeto de desvirtuadas maquinaciones. De burdas confabulaciones dirigidas al alcance de propósitos que resultan exagerados en su abordaje, particularmente social y político.

Los eventos protagonizados por quienes heredaron parte de las responsabilidades derivadas de la emancipación que vivió Venezuela en la alborada del siglo XIX, consiguieron en los libertadores un caudal de argumentos que, posteriormente, sirvieron a proyectos de arraigo del nacionalismo necesario. Pero no sólo a proyectos de índole militar. También de naturaleza política de los cuales se valieron, quienes optaron por dirigir la República, con la malsana determinación de enquistarse en el poder.

Fue entonces cuando vieron en Bolívar, la causa perfecta para manipular la población. Y así, alcanzar propósitos trazados no sólo a la luz del día. Igualmente, en la penumbra de la medianoche. Quizás, el primero que públicamente se alzó con la grosera excusa que de Bolívar pudo elaborar con la intención de anquilosarse en la cima del poder gubernamental, fue Guzmán Blanco claudicando el siglo XIX.

Su intrincada y abierta “estrategia”, fue calcada por Joaquín Crespo. Luego, por Cipriano Castro cuya tiranía pautó en la figura de Bolívar, la causa necesaria que sacrificaría de cara a su arraigo en la cúpula del gobierno, el establecimiento de su encarnado militarismo. Lo mismo, fue imitado por Juan Vicente Gómez. Y en lo sucesivo (López Contreras, Medina Angarita, indistintamente civiles o militares) dichos argumentos fueron igualmente adoptados como motivación subliminal para justificar cualquier desafuero provocado por el alto gobierno a consecuencia de medidas que tendieran a implantar una interesada diferenciación entre “el legado de la República y los atrasos de la Colonia”. Luego se adujo que era entre “bolivarianos y anti-bolivarianos”. O desde la concepción política que a cada gobierno le lucía provechosa: entre “patriotas y apátridas”.

En el contexto de cada discurso político que directamente le infundía arrojo al gobernante del momento, se buscó hacer del culto a Bolívar una religión de patrioterismo que persiguió amasar prosélitos que siguieran obedientemente el mandato político que la ocasión considerara conveniente a sus intereses. El hecho de aupar la vida de Bolívar como ejemplo absolutamente insuperable, a desdén de la conciencia asentida alrededor de las libertades y los derechos humanos en cada venezolano, no ha sido el mejor camino para convalidar el significado que dimana de la vida republicana y democrática que, en teoría, ha buscado reivindicarse desde la constitucionalidad y legitimidad. Casi siempre, infructuosamente.

No es admisible que, por sectarismo y revanchismo ejercido continuamente por regímenes instaurados desde 1810 hasta ahora, bien por vía legal, acordada o de facto, poco o nada se haya valorado la capacidad del venezolano por sacar del pensamiento y de la obra bolivariana todo cuanto es posible en función del crecimiento político, ético, social, moral, cívico y cultural, individual o colectivo. De nada sirvió esa especie de cirugía ideológica mediante la cual, desde el ejercicio de la política, estos gobernantes militaristas han buscado torcer las realidades basándose en la estampa de Bolívar, con la finalidad de incitar una embadurnada solidaridad mecánica que fuera capaz de avivar el apoyo al héroe (Bolívar). Pero mampuesto en la persona del caudillo de ocasión o del gobernante de turno. Intención ésta que ha proseguido sin mayores interrupciones.

Esto entendido desde la perspectiva de la manipulación política, puede reconocerse en palabras de quien fuera ministro de Gómez, Vallenilla Lanz, cuando describió: “el Cesar Democrático fue Bolívar, como lo es Gómez (…) Bolívar fue el vencedor en la guerra, Gómez ha sido el vencedor de la guerra (…) Bolívar terminó la guerra, Gómez terminó con la guerra”. Y es el problema que la presente disertación intenta destacar en tanto que problema sostenido históricamente, cuando rotula la pregunta: ¿Qué hicieron de Bolívar?  

Davy Sari

Periodista residenciado en Maracaibo y Caracas.

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