Opinión: A DOS AÑOS DE LA ELECCIÓN DE LOS CONSTITUYENTES por Eudis Fermin

Desde el 1 de mayo de 2017 hasta la fecha, es una constante en los contenidos discursivos de los máximos exponentes de las tendencias civilistas y militaristas de la trilogía de poder del post-chavismo, el apotegma: la Asamblea Nacional Constituyente responde a los intereses del pueblo y para el pueblo, trae paz, dialogo y prosperidad; en muchas de las paredes de las calles de las principales ciudades del país, se observa el slogan oficialista de aquellos días de la campaña electoral constituyente, con la constituyente se entiende la gente, algo así que hablando razona el individuo más allá de los intereses políticos diametralmente opuestos, un mensaje con una fuerte carga mediática, convincente para ciertos sectores del chavismo popular seguidor del madurismo pero no del diosdadismo; como si la autocracia revolucionaria, los representantes superiores de la revolución, designados por la providencia de la revolución (Hugo Chávez) ante de su partida del mundo terrenal, uno para gobernar delante y otro detrás, son amantes fieles del diálogo y garantía del cumplimiento de los resultados de cualquiera negociación entre las partes en conflicto, para conservar en el tiempo lo más apreciado por los venezolanos nacidos y crecidos en democracia, la institucionalidad del orden democrático, el Estado de Derecho y libertad. El comportamiento político e institucional de la autocracia revolucionaria esta vació de significados al exteriorizarse en la práctica, es decir, el diálogo y la negociación son solo apariencia de un espejismo democrático que pone en circulación en la mentalidad colectiva, con actos reales (reuniones, acompañantes internacionales y personajes de ambas corrientes), sin resultados o maniobrando colateralmente para denunciar la inherencia externa o l falta de compromiso ético-moral de la oposición en las negaciones.
No obstante, ayer como hoy, la gran mayoría de los venezolanos corrientes (de la identidad política que sea) no ven, sienten ni tocan, nada de eso –diálogo, paz y prosperidad- en los armarios o alacenas de las cocinas de sus respectivos hogares, todo lo contrario, escuchan, observan y padecen en los espacios sociales de encuentro común (puestos de trabajo, escuelas, liceos, universidades, hospitales, farmacias, entidades bancarias, carnicerías, panaderías, verdurerías, supermercado, unidades del transporte público, entre otros), el deterioro de sus condiciones materiales y físicas de vida, incluso psicológicas, ante la incompetencia del gobierno de Nicolás Maduro Moros que levanta las banderas del socialismo, la lucha contra el imperio y el brutal bloqueo imperial, para ocultar realmente sus errores y fallas en la conducción del Estado y de éste de la economía, aunado al desangre cometido al fisco nacional con los mayores actos de corrupción en la historia política de Venezuela, que superan a los de la época de los generales José Antonio Páez, Guzmán Blanco, Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, sin necesidad de mencionar la tan descalificada IV República, donde los adecos y copeyanos no quedaron en pañales delante la generación de actos de corrupción del chavismo de los diferentes niveles territoriales de gobierno (ejecutivo nacional, gobernaciones y alcaldías, con sus respectivos órganos legislativos), sino en la fábrica de los pañales, que supera cuantitativamente a todos los períodos mencionados, si se llegara analizar, con la variación del valor del bolívar en la temporalidad histórica, conoceremos el abismal robo a la nación.
Debemos preguntarle al constituyente Julio Escalona, a partir de su experiencia en los debates y discusiones de las leyes constitucionales en las secciones de la Asamblea Nacional Constituyente en lo que va del 4 de agosto de 2017 al 30 de julio de 2019, como también en los aportes de los constituyentistas para la redacción del nuevo texto constitucional o los avances presentados o discutidos por la comisión encargada de la redacción de la nueva constitución con los asambleístas, si reconoce las proposiciones como válida, las expuestas por el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente y moderador del programa Con el Mazo Dando, transmitido por el aparato comunicacional del Estado socialista en construcción, Diosdado Cabello, cuando en el recinto del Panteón Nacional (donde descansan los restos inmortales del Libertador Simón Bolívar, el Padre de la Patria,) en la sesión especial en conmemoración de los dos años de la elección de los constituyentistas, expresa que la constituyente ha cumplido con su “misión”, pero en ningún momento, explicó o presentó resultados del avance del contenido de la redacción del articulado en alusión del texto constitucional o algunas ideas, por lo menos escuetas, solo se limitó a afirmar públicamente que se tiene un 80% adelantado el proyecto constitucional y las demás panfletarias discursivas acerca de las agresiones imperiales contra el pueblo y la revolución; un secreto más de esos de la revolución, igual o superior al que se manejó cuando el difunto líder llegó el 20 de febrero de 2013 de su ultimo tratamiento médico de la ciudad de La Habana y luego se conocerían los resultados, escenificados en un escenarios mediático progresivamente preparado, con los partes médicos presentados por el chavismo al pueblo revolucionario en aquellos días de incertidumbre y vacilación colectiva. O, describiera con lujo de detalles cómo con las leyes constitucionales, aprobadas por el poder constituyente originario, el gobierno de Maduro viene corrigiendo los avatares de la guerra económica (marcaje de precio, variación de precio aprobado por el ejecutivo, inspección en la producción de las empresas capitalistas y socialistas, en las cadenas de transporte, distribución y comercialización, sanciones a empresarios y particulares por el incumplimiento de la normativa, sobre todo las mafias económicas)., por ejemplo, con la entrada en vigencia de la ley constitucional de precios acordados, en noviembre de 2018, lucha frontal contra los enemigos del pueblo.
Así, como en el Panteón Nacional se alzaron con bombo y platillo la celebración del segundo aniversario de la elección de los constituyentistas, los 364 representantes territoriales y 173 sectoriales, el 30 de julio de 2017, indicando que el primero de agosto de éste mismo año se eligieron, dos días después, los 8 representantes indígenas, para un total de 545 constituyentes. El aparto comunicacional del Estado socialista en construcción, silenció lo ocurrido en las ciudades de Mérida y San Cristóbal éste día, enmendó, con pulcritud mediática proveniente de la mentalidad de las individualidades de los laboratorios comunicacionales de la revolución, que funcionan en cada medio, los resultados de la estrategia de la trilogía de poder del post-chavismo, para disimular los efectos de la crítica situación económica acumulada (del 2013 al 2017), desaparece de las instituciones públicas respectivas la publicación periódica de las estadísticas del comportamiento de las variables económicas (inflación, desempleo, reservas internacionales), el desacato dictado por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) a la Asamblea Nacional por negarse a desincorporar a los diputados electos por el estado Amazonas, la suspensión del proceso de referendo revocatorio del mandato presidencial por tribunales ordinarios con el aval del TSJ (en octubre de 2016), y, la alteración de la institucionalidad del orden democrático (las sentencias 155 y 156 del TSJ, dictadas en marzo de 2017) , como el pueblo (clase obrero), exigía al presidente Nicolás Maduro Moros la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente para erradicar la ola de violencia que la ultraderecha opositora había desatado en el país, sin justificación alguna, solo para derrocar al gobierno democrático y constitucional de Maduro, por sus condiciones ideológicas en pro del pueblo, Maduro aparentemente activaría el procedimiento legal en nombre del pueblo. “En uso de mis atribuciones presidenciales como jefe de Estado, de acuerdo al artículo 347, convoco al Poder Constituyente para que la clase obrera convoque una Asamblea Nacional Constituyente con el pueblo. Es la hora, es el camino, no dejaron más alternativa”.
Se presentaron, como demócratas, verdaderos democráticas, en su condición revolucionaria y creyentes de los legados políticos del comandante supremo de la revolución, acopiados en el Plan de la Patria (2013-2019), la conservación de la continuidad de la revolución bolivariana, el 1 de mayo de 2017, convoca el poder constituyente originario, con tal fin; dos meses después logran la avasallante victoria, claro en ningún momento, los medios de comunicación impresos y televisivos de y al servicio de la revolución, traen recuerdos a la memoria colectiva que la oposición, radical o moderada, se rehusó a participar en la elecciones o solo participaron candidatos post-chavistas o pre-construidos por gobernadores y alcaldes desde las regiones y localidades del país, ni muchos menos mencionaron los resultados electorales por representes territoriales, sectoriales ni muchos menos indígenas, o, una totalización de votos de acuerdo con el número de voto que tenían los electores en cada estado (territoriales y sectoriales), no lo hicieron ni lo harán porque esas estadísticas electorales, no han sido publicadas en la página web del Consejo Nacional Electoral, como lo he explicado en el artículo en este mismo espacio el 31 de enero de 2019, titulado: Las “estadísticas electorales” de la constituyente del 30 de julio de 2017 no están publicadas en la página web del CNE; solo publicitaron, de la infraestructura electoral puesta en marcha ese día por el CNE, el número de centros de votación y mesas electorales, asimismo, el resultado por votantes, 8.089.320, personas que supuestamente salieron a ejercer su derecho al voto, una participación de 41,53%, de una población electoral de 19.477.387, con una abstención 58,47%, pero no se atreven a mencionar, comunicar o informar que estos resultados anunciados en la noche del 30 de julio, son de votos emitidos, por lo cual cada elector tenía las posibilidades de elegir más de dos representares, territoriales y sectoriales, esto es, emitir ante la urna electoral dos o más votos. Este día de jubilo electoralista, la autocracia repitió una y otra vez, que era la votación más grande en los 18 años de revolución.
Si bien la mayoría de los venezolanos su preocupación no está en que el CNE no publicara las estadísticas electorales de la elección de los constituyentes, reprodujera en el tiempo el estilo del Consejo Supremo Electoral que organizó los comicios electorales aquel 2 de noviembre de 1952 durante la época de la Junta Militar de Gobierno con los cuales aparece visiblemente en el coronel Marcos Pérez Jiménez como el conductor presidencial del Estado venezolano, pero eso sí, ellos están conscientes del hambre y miseria que padecen en nombre del dialogo, paz y prosperidad, con mayor énfasis en parte de los sectores populares de las ciudades, barrios donde familias solo pueden alimentarse una sola vez al día, sus ingresos familiares son paliados con la bonificación de la consciencia (carnet de la patria) y la instrumentalización alimenticia (la venta gubernamental de bolsas o cajas clap a precios solidarios con subsidios estatales), y, en menor medida en lo que queda de la clase media venezolana; unos y otros grupos de familias, han parecido el síndrome de éxodo al exterior (cuando mínimo uno de sus familiares deciden abandonar su tierra natal en búsqueda de mejores condiciones de vida para él y los demás integrantes del grupo familiar, principalmente hacia Colombia, Perú y Ecuador), que luego manda remesa de dinero, contribuye con ese dinero que la familia complemente la compra de la cesta básica de alimentación para un mes. Lo que sí tienen claro los venezolanos que la ANC, desde un principio era una acción de la trilogía de poder del post-chavismo para corregir políticamente el desequilibrio en la balanza de poder del Estado, originada por la aplastante derrota que sufriera el post-chavismo en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 y en consecuencia el control político e institucional desde la Asamblea Nacional en los demás poderes del Estado (Judicial y Ciudadano), la asignación de magistrados, contralores, defensores y rectores electorales al servicio de la autocracia revolucionaria, y, la sumisión institucional del parlamento al ejecutivo nacional.
Sin mención alguna a las estadísticas electorales no publicadas en la página web del CNE, la misma Asamblea Nacional Constituyente en agosto de 2017 estableció, por recomendación del constituyentista Diosdado Cabello, su periodo de vigencia a dos años, contrario a los seis meses máximos planteado durante la campaña electoral, esto significa que sería en agosto de 2019, que se tendría la constitución redactada y posiblemente ciertos grados de estabilidad de la economía, pero ni una ni otra ha sido posible. El presidente Maduro, desde marzo de 2016 gobierna al país a través del decreto de estado de excepción y emergencia económica para enfrentar, lo que han denominado guerra económica y no crisis económica, decreto que recibió la santidad constitucional que otorga el TJS al ser objetado por la opositora Asamblea Nacional, en junio de éste año fue prorrogado por 90 días más y de esta fecha hasta la actual sigue vigente con prórroga tras prórroga por el ejecutivo nacional, prorrogas ratificadas por la Asamblea Nacional Constituyente sin conocerse resultados tangibles y visibles en la mejora de la economía con los procedimientos administrativos y políticas económicas amparados con el referido decreto y las leyes constitucionales. En pocas palabras, a dos años de la celebración de la elección de los constituyentes, ni estadísticas electorales ni constitución, eso sí, más hambre y miseria con un ejecutivo que gobierna con un estado de excepción y emergencia económica, sin lograr resultados en las políticas correctivas o innovadoras que implementa con la llamada recuperación del aparato productivo socialista con las mutaciones de la agenda económica bolivariana de 2013 y las leyes constitucionales aprobadas por la soberanisima y plenipotenciaria Asamblea Nacional Constituyente, brazo político al servicio de la autocracia revolucionaria para prolongar la continuidad de la revolución y su estadía en el poder.

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